Revista Sinfuturo

Reseña de Demiurgo de Belferith por Gonzalo Robles


“Demiurgo” (Inti Ediciones, 2024) es el primer poemario del escritor, periodista y tarotista José “Belferith” López, en el que desarrolla un universo poético marcado por lo “esotérico, lo apocalíptico y lo urbano, cruzando poesía, crónica y delirio metafísico” sobre temas sociales chilenos, nuestra idiosincrasia, la vida en la ciudad- en un péndulo que oscila entre su Talca natal y Santiago-, la marginalidad, la poesía y la creación artística, así como sentimientos y frustraciones propias de la generación a la que pertenece.

A partir del título del poemario, que es también del poema que inaugura el libro, Belferith reflexiona con sus versos acerca de los anhelos sobre el futuro que, con el paso de la juventud a la adultez, se hacen sal y agua en el devenir gris de una sociedad poco auspiciosa para tales sueños idealistas. Demiurgo, entendido como una entidad divina creadora o artesana del universo- que según el gnosticismo a menudo es un dios menor, ignorante o incluso malévolo, que creó el mundo material, considerado inferior y una prisión-, es el punto de partida por el que José López eleva un canto decepcionado acerca del país que le dejaron generaciones anteriores, en una alegoría de tintes urbanos.

Asimismo, el desencanto también se cierne sobre el poder creador de la palabra. “El tema es que me siento culpable / por haber creído en el sueño del pequeño dios”, en clara alusión a los versos de Huidobro, artífice del creacionismo.

El estilo del poemario es en ocasiones de raigambre lírica, con imágenes incluso góticas, en otros momentos más narrativo, propio de la crónica, versos en los que cohabitan elementos tradicionales, e incluso sacros, con otros más bien profanos y hasta de la cultura pop, siempre situados en la realidad local, como marcas comerciales y figuras televisivas, en una coexistencia armónica dentro de los poemas.

Hay una identidad generacional en “Demiurgo”, propia de los chilenos nacidos en los inicios del siglo XXI. Un ejemplo muy patente es el poema “El brillante devenir de la cazuela- nación”, una letanía acerca del curso de Chile en los ojos de esta generación, con alusiones a la discoteque Blondie, con jóvenes que bailaban también en los livings de sus casas y desde el mar, los fantasma de los detenidos desaparecidos, “pinchaban temas de Supernova- porque no querían jodernos la onda”, en referencia a la generación de los 90 y evidentemente al desencanto con la política tras la fallida transición a la democracia, con la figura de Nicanor Parra como eje y citando el formato de los docu- realities, que comenzaron a instalarse en la parrilla televisiva a partir del 2003.

Por cierto, el influjo de Parra se siente en el estilo de Belferith, así como la similitud con otros poetas chilenos, más allá de si sean una influencia producto de las lecturas de José López o bien como parte de la tradición de las letras nacionales. Los juegos intertextuales de Rodrigo Lira; el escritor y cronista Roberto Merino es incluido como un personaje en algunos poemas; una cercanía en el tratamiento de los temas urbanos por parte de Belferith que se asemeja a la poesía de Hernán Miranda Casanova- en especial aquellos poemas en que les otorga voz a los mendigos marginados- y hasta se advierte un parentesco con el empleo del código de los teoremas matemáticos y de los enunciados lógicos que caracterizan a “Purgatorio”, de Raúl Zurita.

Un ejemplo de la anterior similitud puede apreciarse en “Poema positivista, materialista y revolucionario”, en el que Belferith ironiza sobre las tendencias sociales y las consignas vacías en movimientos de protesta, evidenciando que en ocasiones el discurso pierde consistencia. “No hay que complicarse / Todo ímpetu revolucionario puede simplificarse / bajo el siguiente enunciado: / “La X será Y o no será” / P. ej: “la revolución será animalista o no será”)”, inicia el poema, anticipando el tono irónico que ocurre cuando las ideologías se petrifican en fórmulas estandarizadas.

Además, en “Demiurgo” también hay cabida para desenmascarar el esnobismo y las poses fingidas propias del mundillo literario chileno, para lo cual Belferith hace uso de inteligente ironía y juegos semánticos.

La sociedad chilena, tras los estragos de la dictadura cívico militar, el legado del neoliberalismo que impusieron los Chicago Boys, también es un punto de partida para desentrañar y elevar una crítica al empresariado actual, en un contexto de hambre extractivista, siempre con la mirada de la generación desencantada a la que pertenece José López, donde junto al escepticismo este poeta añade su visión esotérica, la cual sazona su estilo literario.

En esta línea sobresale, asimismo, su relación amor odio hacia el valle maulino, cuna de infancia y que fuera también el paisaje que formó al grupo literario surrealista de La Mandrágora. En este sentido, la marginalidad sociocultural se hace presente en “Demiurgo” como un elemento característico del poemario.

Y este prisma se extiende a la capital chilena, la metrópolis que acoge a Belferith en sus estudios universitarios, donde íconos metropolitanos como el mall Costanera Center y lugares del trasnoche santiaguino como los Pronto Copec conviven en los versos con alusiones a Cristo y la periferia de la ciudad, gracias al empleo de estos elementos en imágenes poéticas.

La iconografía cristiana es también materia poética, siempre vista desde la marginalidad y el esoterismo, como en el logrado poema “La cholita”.En suma, José “Belferith” López debuta con un interesante poemario en el que define su estilo literario particular, que entre sus cualidades destaca tanto el rescate de la tradición poética chilena como una visión generacional acerca de la idiosincrasia de nuestra larga y angosta faja de tierra.


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