Revista Sinfuturo

EL NÚCLEO HERMÉTICO – J.S


Tres poetas se miraban fijamente, yo, el más horrendo de todos, pensaba en mi próximo libro, los demás, seguramente pensaban en revisar la carpeta que nuestro maestro, Mítico Martínez, acababa de olvidar en su escritorio. (Años más tarde, me enteré de que Raquel nos miraba por una de las rendijas de la casa, en lo que ahora es Renca, Santiago de Chile).

Cada cinco reuniones de nuestro taller de literatura, Mítico nos entregaba una hora y una dirección, a la que nunca asistía, solíamos pensar que nos observaba desde la distancia, solo una vez llegó a una de las reuniones y fue cuando nos pidió encontrarnos en una playa del norte de Chile, Mítico solo nos leyó una página del libro en el cual trabajaba: “Scriptim, Reglas y Sub-reglas”, recuerdo que leyó la Sub-regla 40, escansión celestina.

Esa tarde, luego de su lectura, Mítico escribió dos palabras en la arena que ninguno de nosotros logró leer, muchas veces sueño con esas palabras, en algunos sueños las palabras son “Codec Logic” y en otros sueños son “Fracaso y arritmia”, incluso a veces son nombres como Césped Durán o Luís Solas, creo que todo depende de mi estado de ánimo, como supongo que pasa en la mayoría de los sueños.

Mítico Martínez era más alto que todos nosotros, solía llevar consigo dos relojes de bolsillo, cada cierto tiempo los consultaba, siempre juntos, uno a la vez. Nunca nos explicó el motivo, S. solía decir que a Mítico le preocupaba mucho la relatividad del tiempo, yo creo que consultaba la hora de otro país. Nunca le conocimos ninguna pareja, ni tampoco algún familiar, nunca supimos su verdadero nombre, si es que lo tenía.

La última vez que lo vi, fui el único que asistió a su taller, eso no era algo habitual, mis compañeros normalmente se mostraban más comprometidos que yo. Mítico me recibió algo extrañado, me pidió que lo acompañara, caminamos en silencio por las calles de Renca hasta llegar al cerro, luego de un rato llegamos a una cueva, nunca podría olvidar lo que me dijo en la entrada; Juan, la poesía es un misterio, en este lugar mi padre escribió su último poema, nunca lo conocí, sin embargo, su poema me acompañó todo este tiempo.

Con los años me enteré de que Álvaro Martínez el padre Mítico se suicidó en los años 60 luego de múltiples rechazos editoriales y años de cesantía, he llegado a pensar que Mítico concibió Scriptim como un manual de poesía pensando en el fracaso de su padre como poeta, escribir un poema dentro de una cueva me parece digno de una Sub-regla, quizás es una Sub-regla oculta.

Un año más tarde recibí en la puerta de mi casa un ejemplar de Scriptim, me parece un libro impresionante, muchas de las Sub-reglas las practicamos junto a mis compañeros en el taller de Mítico, creo que de ahí salieron los mejores poemas de mi generación, pero al mismo tiempo los más extraños. Vuelvo a leer una vez más la Sub-regla 42, superación de la arritmia y pienso en lo agradecido que me siento con esa carpeta, con ese montón de papeles que alguna vez Mítico Martínez olvidó en su escritorio.


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