A 5 el 0,5 / a 8 el g: presentación del antipoemario Poemas para leer en la micro, de José Oyanedel Contreras
Eduardo Farías A.
Poemas para leer en la micro, de José Oyanedel Contreras, es un libro que dispara en diferentes direcciones, tal como una micro. Como lectores y lectoras, no solo nos enfrentamos a poemas, sino que también a textos que dialogan con imágenes, y textos que dialogan entre sí y con el título. Para no dar la lata con esta voz de perro y porque las presentaciones totalizantes, las que tratan de abarcarlo todo en relación a un libro y no le permiten al lector adentrarse en aquel sin esa guía, me parecen nefastas y de una soberbia que no le hace bien a los libros ni a la comunicación literaria, quisiera remitirme a dos puntos (en las próximas veinte páginas) que me interesan y que, por ningún motivo, simplifican la complejidad poética de Poemas para leer en la micro.
Primero, quisiera ahondar en este antipoemario, y, que no se piense, que el prefijo anti- está siendo usado para marcar la ausencia de lo poético o de su contracorriente, si se quiere. Poemas para leer en la micro es un antipoemario, porque se inscribe en la tradición poética de la antipoesía parriana; José Oyanedel ha incorporado hasta la médula la perspectiva antipoética, en sus poemas no se evidencia la técnica a la manera de, sino que hay un conocimiento profundo sobre la antipoesía y la búsqueda del humor temático propio. No creo exagerar al decir que estamos frente a antipoemas de tomo y lomo.
Desde el título, José Oyanedel nos hace güiños a la antipoesía: cómo no traer a colación Chistes parra desorientar a la policía poesía, de Parra, o su antología Poemas para combatir la calvicie, publicada por el Fondo de Cultura Económica. Ahora bien, el título pareciese aludir a una acción en un contexto inadecuado, ¿por qué debiese leer en una micro? Si en su trayecto, las letras se mueven en la página por el movimiento de las ruedas contra el pavimento y por los diversos baches de las calles de Santiago; por lo cual la lectura se vuelve un acto incómodo. La lectura se realiza apropiadamente en contextos tranquilos y silenciosos como una biblioteca, profesa la tradición. ¿Qué sádico de la lectura nos recomendaría leer sus poemas por Avenida San Pablo, altura comuna de Lo Prado?, ¿un antipoeta? Más allá de la broma que no resultó, el título da cuenta de que hay contextos que se redefinen como una biblioteca, como aquel espacio de lectura, en los que el silencio no existe, ni menos la tranquilidad. El título no es naif para quienes hemos convertido el transporte público en un lugar para lectura: personalmente, leer en la micro es mi tiempo de lectura, es mi biblioteca desde mis estudios de licenciatura en el campus San Joaquín y que, antes de la línea 5, me significaba una hora y media de viaje en la 128, una hora y media inmerso en un libro y en una ciudad caótica. Esta relación entre lectura y viaje urbano (y periférico) se ahonda en el interior del libro.
Como buen antipoeta, José Oyanedel trabaja el humor, un humor lejos de la bufonería simplista; en su humor antipoético, este antipoeta mueve preguntas políticas y críticas sociales; pienso en poemas como narcotráfico, Villa Pajaritos 1, Dinosaurios, Keanu Reeves no me quiere dar su asiento en el metro de Santiago. De hecho, este último poema que nombra a Neo presenta una pelea delirante tal como lo hace Parra en Sinfonía de cuna. Esta búsqueda poética en la antipoesía resulta interesante cuando consideramos que la poesía chilena ha estado marcada por el tono serio, por el tono solemne, por los grandes temas literarios: buscar otro camino es siempre un riesgo y eso me parece respetable y admirable. Y lo digo, pues la tradición poética que invade mi escritura está marcada por la seriedad; reír en el poema revela mi propia incapacidad.
Como buen antipoeta, José Oyanedel trabaja con el habla popular, la incorpora, considerando no solo lo propuesto por Parra, sino también por lo continuado por Mauricio Redolés; así, aparecen los bastardos, los pacos qliaos, no saben nah, viejos culiaos, por ejemplo. La cultura popular se va especificando en la relación que establecen los antipoemas con la microhistoria de los territorios pudahuelinos, con la micro como realidad familiar, con la desigualdad y la presencia de la droga. No se puede pensar el carácter popular de lo antipoético de José sin reparar en la presencia de un contexto marcado, lo que nos lleva al segundo punto.
Segundo, el título vislumbra no solo la temática del viaje, sino que también de todo aquello que, en la tradición poética chilena, no ha sido siempre poetizado (al contrario de la situación de los grandes temas de la literatura, a los cuales se vuelve una y otra vez): la micro, la periferia, la droga, por ejemplo. En esa búsqueda poética hay otro riesgo: ¿cómo poetizar lo que no se considera usualmente poético? Este acierto en la antipoesía de José Oyanedel no implica una mirada asimétrica: este antipoeta no es un cuico culiao que se apropia de la voz de la periferia y sus vivencias; sigue siendo un pudahuelino que le compra a la “Chica del pórtico / a 5 el 0,5 / a 8 el g”, sigue la persona inmersa en su contexto, quien sabe que ustedes (y yo) “no saben nah que no es una persona / sino una paloma con mochila / que vende droga a través de Grindr.”
La alusión al mundo popular y a aquello que no consideramos como expresión de belleza poética es un acierto del antipoemario, el uso legítimo de sus temáticas actualiza los alcances poéticos de la antipoesía: por una parte, no tengo registro en nuestra tradición poética de la micro y del micrero como objeto y sujeto poéticos, el mundo del trabajo sigue siendo una temática incipiente; sí, por otra parte, la alusión al mundo popular es rastreable en nuestra poesía: pienso en toda la lira popular, en Enrique Lihn con El Paseo Ahumada, toda la poética del Pepe Cuevas, Mapurbe de David Aniñir, por nombrar la diversidad sobre la temática. El mundo cercano de la micro que es para José, y de todo ese imaginario, es un acierto personal que es digno de ahondarse en la futura escritura.
Para terminar el tedio, Poemas para leer en la micro, de José Oyanedel, es un primer poemario en el cual el autor, a contrapelo de lo que se espera, va en otra dirección por calles conocidas y desconocidas, tal como la micro y su recorrido. Esta micro que inicia su viaje tiene la tracción necesaria de las micros actuales para botarte con su aceleración y la estructura para que no se desarme en el camino. Le recomiendo que lleve algún tipo de polerón por si el aire acondicionado le da frío en su viaje, en su lectura, no se vaya a resfriar, oiga. Todavía no viajo en la micro de dos pisos. Pudahuel tiene un recorrido con esas micros de dos pisos. Tienen suerte los culiaos; Renca no tiene, Renca no la lleva. A propósito, ¿cuánto será la suma de todos los vueltos no devueltos en las micros amarillas? No saben nah…

